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El viaje a ninguna parte


Artículo de Mario Crespo, para el diario ALERTA de Cantabria

 

El viaje a ninguna parte

Se ha muerto Fernando Fernán-Gómez y ahora estamos algo más huérfanos de padres culturales. Lo mismo que hay “padres de la Constitución” también hay “padres de la cultura española”, aunque ésta haya devenido en cacharrería y chiringuito y rastreras subvenciones. Siempre me llamó la atención Fernando Fernán-Gómez porque encarnaba al “cómico” de toda la vida y desde que nació parece que su existencia no podría entenderse sin las tablas, sin esas tablas de baúl de la Piquer, camiones por los páramos castellanos y pensiones de mala muerte. Tiene muchísimo mérito todo el cine español de las décadas del blanco y negro, pero tal vez ahora nos cuesta más darnos cuenta de ello, ahora que priman el botox y las tetas de silicona y la superficialidad más inoperante e incauta e irrespetuosa.

Fernán-Gómez es el cómico de la ruina y la voz fuerte y cálida, el pendenciero, el galán tortuoso y el maestro republicano traicionado por los mismos niños a quienes había encandilado enseñándoles la lengua de las mariposas: el maestro fue sin duda el mejor maestro que habrían de tener esos niños, lo mismo que Fernando Fernán-Gómez ha sido el mejor actor español que pudimos ver en la pantalla. Pero pasa que su presencia era una “presencia habituada” en nuestras vidas y uno siempre piensa que las “presencias habituadas” que pueblan sus paisajes personales no van a morir nunca. Para mí Don Quijote tiene la voz de Fernando Fernán-Gómez, lo mismo que Sancho Panza tiene la de Antonio Ferrandis: tal fue el extraño aroma de belleza que dejó en mí, cuando niño, aquella serie de dibujos animados que por primera vez me acercó a un clásico español. Me gustaba Fernán-Gómez especialmente por su gran curiosidad intelectual: por ese regreso constante a los clásicos de la literatura española para alumbrar nuestros años contemporáneos, por sus recreaciones de ese Lazarillo, por ejemplo, que nadie sino Rafael Álvarez El Brujo podía encarnar. Se ha muerto Fernán-Gómez y ahora no sé yo muy bien quién sería capaz de llevar a la pantalla a un clásico de nuestras letras con tantas sutilidades y sugerencias.

Era un escritor: no he leído sus novelas, pero sí la magistral Las bicicletas son para el verano y numerosos artículos de prensa que hablaban de libros y de cine y destilaban un estilo literario que para sí quisieran muchos que cacarean de escritores. Fernando Fernán-Gómez era un contador de historias, un caballero cervantino que contaba muy bien las cosas, fuera sobre el papel o rodando una película: méritos más que suficientes para ser académico de la Lengua. La institución que limpia, fija y da esplendor debería tener más en cuenta a esa gente del cine que también limpia el alma, fija el recuerdo al celuloide y da esplendor a las letras con imágenes y textos bellísimos. Recuerdo que Don Fernando dirigió y protagonizó una entrañable versión de La venganza de Don Mendo que, por cierto, me ha funcionado razonablemente  bien entre los alumnos, aunque para ellos, en el mejor de los casos, Fernán-Gómez es el de las “malas” respuestas en los videos de youtube, que ha convertido la anécdota en un lugar común y superficial. Habrá que recuperar esta tarde de la videoteca o “deuvedeteca” alguna película del actor, director y guionista: El abuelo, por ejemplo, que fue la última en que intervino el inolvidable Rafael Alonso… El cine está inoculado en nuestras vidas y actores como ellos dan su rostro a nuestros recuerdos o máscara a las existencias que alguna vez quisimos vivir.

Ha muerto Fernando Fernán-Gómez con el aplauso y el homenaje unánime de todos, como no podía ser menos, incluso en este país descacharrado y envidioso. Quizá aún no nos damos cuenta de lo que esta pérdida supone para nuestra cultura… Por eso pienso que aunque haya muerto sigue caminando por los pueblos de España, como un Lázaro de Tormes o un Quijote medio loco e inolvidable e indispensable. Hoy lo creo más que nunca: él sigue caminando en ese viaje hacia ninguna parte.

 

Fernando Fernán-Gómez

23 noviembre 2007 1 comentario

D.E.P. Fernando Fernán-Gómez

 

 Los que compartimos alguna de las tantas pasiones que tuvo Fernando Fernán-Gómez le reconoceremos siempre como “uno de los grandes”, persona de muchos personajes, todos uno a su vez.

 Fernán Gómez ha sido una de las grandes figuras españolas de la escena y el celuloide, un gigante de la cultura. Miembro de la Real Academia Española –donde ocupaba el sillón B- ha recibido, entre otros galardones, el premio Príncipe de Asturias de las Artes, los Premios Nacionales de Cine y Teatro, la Medalla de Oro de la Academia de Cine y cinco Goyas, la máxima cantidad de estos galardones acumulados por ninguna otra figura del cine español.

 

 Todo lo que se pueda decir ahora es poco, aunque venga a cuento, y me siento un poco hipócrita al homenajearle ahora y no en vida. Pero no quiero dejar de hacerlo, así que aquí dejo un espacio para Fernando Fernán-Gómez.

 Lo mejor que me han deparado estos años de trabajo, aparte los ratos de descanso, de no hacer nada, es la satisfacción del propio trabajo en el momento de estar realizándolo. No lo que llamamos el éxito, -que aunque con la contribución del azar y la suma de una serie de casualidades se alcance de vez en cuando, si indudablemente produce alegría, es una alegría muy corta, pasajera, que se olvida fácilemente-, sino el lado misterioso mágico que tiene nuestro oficio, que cuando se alcanza, al sentirse invadido por otra persona que no existe produce un raro pero indudable placer. También pondría en la parte de lo bueno la estima -que de manera tan clara percibía- de mis compañeros; y las amistades, los conocimientos, los amores. Y muy especialmente quisiera señalar la inmensa fortuna de haber podido vivir estos cincuenta años de esa manera tan especial de vivir que tenemos los cómicos.

Fernando Fernán-Gómez, El tiempo amarillo.

Una pareja baila un tango de homenaje a Fernando Fernán Gómez en el escenario del Teatro Español de Madrid. Foto: EFE / MONDELO

 

Caminito que el tiempo ha borrado
que juntos un día nos viste pasar
he venido por última vez
he venido a contarte mi mal.

Caminito que entonces estabas
bordeado de trébol y juncos en flor
una sombra ya pronto serás
una sombra lo mismo que yo.

Desde que se fue
triste vivo yo
caminito amigo
yo también me voy.

Desde que se fue
nunca más volvió
seguiré sus pasos
caminito, adiós.

caminito que todas las tardes
feliz recorría cantando mi amor
no le digas si vuelve a pasar
que mi llanto tu suelo regó

Caminito abierto de cardos
la mano del tiempo tu huella borró
y a tu lado quisiera caer
y que el tiempo nos mate a los dos.

Desde que se fue
triste vivo yo
caminito amigo
yo también me voy.

Desde que se fue
nunca más volvió
seguiré sus pasos
caminito, adiós.

 

– Agradecimientos a: Carolina Pérez García