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Posts Tagged ‘El signo tenue’

‘Primos’ de Daniel Sánchez Arévalo


Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 16 de abril de 2011.

‘Primos’, de Daniel Sánchez Arévalo

La Filmoteca de Cantabria ha dado la oportunidad de ver “Primos, la última película de Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, 1970), a quienes no tuvimos ocasión de asistir a su estreno en el Palacio de Festivales y tampoco la fuimos a ver al cine comercial. Reconozco que entonces, en la antesala de los Oscar, me apetecieron más otras cintas, como “El discurso del rey” y “Valor de ley” y la, para mí, decepcionante “127 horas”. No soy ni mucho menos experto en cine, así que mis comentarios sobre el llamado “Séptimo Arte” gozan de la libertad del atrevimiento y el rictus de melancolía de las grandes películas clásicas. Cualquier espectador puede pensar que nada podrá igualar “El tercer hombre” de Reed, ni “Amarcord” de Fellini. Y sin embargo siempre que se va al cine espera verse una película que emocione, que entretenga o aísle de las locuras del mundo, en la paradoja de una nueva locura que dura apenas una hora y media. Esto, y naturalmente  (continuar…)

Cultura a dedo


Artículo de Mario Crespo para el diario Alerta de Cantabria. 27 de marzo de 2011.

 

Cultura a dedo

 

Tenía pensado escribir de un tema no de tanta rabiosa actualidad, y de hecho ya lo había empezado a redactar, pero he decidido cambiar de asunto. No he podido evitar reflexionar, es verdad que un poco a vuela pluma, sobre una noticia aparecida ayer en Alerta. Pudimos leer la noticia de que “el PP acusa a Marcano de crear una “administración subordinada” al PRC” (este era el titular, pág. 5). En internet puede ampliarse la noticia por otras fuentes e incluso ver el video en el que el diputado José Antonio Cagigas cuenta de viva voz la postura del PP. Es decir, que puede ampliarse la noticia a golpe de ratón. En definitiva, esa “administración subordinada” estaría compuesta por cuarenta personas contratadas para cumplir las funciones de adjunto y auxiliar sin ninguna prueba objetiva, con el único criterio de una sospechosa proximidad al consejero de Cultura, Turismo y Deporte. No es el caso de los técnicos de archivo y de biblioteca, que además, según la noticia, bastante tienen con encargarse de la formación de estas personas contratadas sin ninguna preparación específica en la gestión de archivos y bibliotecas. (Continuar…)

Sobre nuestro matrimonio documental


Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 6 de marzo de 2011.

 

Sobre nuestro patrimonio documental

Ojalá el patrimonio documental en Cantabria estuviera perfectamente protegido y divulgado y las autoridades encargadas de su gestión, dotadas con los medios suficientes, se preocuparan de él como de ninguna otra cosa. Sería señal de madurez y conciencia cívica sobre lo que somos. Acaso los estudios universitarios sobre el tema, así como iniciativas concretas de las últimas décadas pueden dar la sensación de que nuestra región ha salido del marasmo patrimonial que aparentemente sufría a la vista del “Censo-guía de archivos” realizado en 1987-1988. Pero a estas alturas ya sabemos de sobra que las leyes del Patrimonio Histórico Español y de Patrimonio de Cantabria no han hecho sino alumbrar lo que se está haciendo mal: la norma sirve para documentar su propio incumplimiento. No creo (continuar…)

Monumento al Incendio y la Reconstrucción


Mario Crespo ha comenzado una sección semanal en el diario ALERTA, dentro del suplemento de los sábados: Santander City. Este pasado sábado, día 19 de febrero, habló sobre el monumento que José Cobo Calderón realizó en homenaje a las víctimas del Incendio de Santander.

Monumento al Incendio y la Reconstrucción

El Monumento al Incendio de Santander y su Reconstrucción, inaugurado en 1989, es una de las intervenciones escultóricas de José Cobo Calderón en nuestra ciudad. En la rotonda donde confluyen las calles Alfonso XIII y Calderón de la Barca siete figuras a tamaño natural, más un gran grupo alegórico de mármol, nos recuerdan la gran tragedia que sufrió la ciudad hace ahora justamente setenta años.

Siempre me ha parecido que el incendio de Santander, para ser la tragedia de la magnitud que fue, no es un acontecimiento muy recordado por parte de las autoridades locales ni de los propios santanderinos. Y eso, insisto, teniendo en cuenta las variadas consecuencias que tuvo. A lo mejor es la proximidad de la Guerra Civil o quizá sencillamente una escasa valoración de nuestro pasado las que nos llevan a hablar poco de ello, cuando fue el hecho clave que determinó la evolución urbanística de la ciudad en la segunda mitad del siglo XX y supuso la desaparición de cientos de negocios y el desplazamiento definitivo de miles de personas hacia la periferia. El incedio fue algo terrible, y así lo narran sus testigos, muchos de los cuales aún viven: el aire huracanado, las llamaradas por todo el viejo caserío, el nerviosismo de la gente, las bocinas de los barcos desde la bahía, la luz del fuego venciendo infernalmente a la noche, el amanecer de una ciudad que se desvelaba arrasada como si no hubiera existido, convertida en un solar fantasmal, los vecinos salvando los escasos enseres que podían, sin saber adonde ir… Y todo ello unido a las durísimas condiciones de la postguerra, en el marco de un nuevo estado casi por construir en muchos sentidos.

La recuperación ciudadana de los años siguientes supuso varias cosas. Ante todo, un desplazamiento general de la población humilde que vivía en los inmuebles céntricos hacia los nuevos barrios del extrarradio, con todo lo que ello supuso para las biografías individuales y la gran biografía colectiva de generaciones enteras de habitantes. El gran solar que había quedado tras el incendio y derribo de más de trescientas casas fue ocupado por los nuevos y flamantes edificios de factura neoherreriana, del gusto de los urbanistas de la época, al socaire de la inspiración de la idea imperial escurialense. Se planearon desmontes y se crearon nuevas calles y espacios (la plaza Porticada, por ejemplo) a los que el tiempo, en general, no ha dado la razón: la estrechez de los viales, la inoperatividad de algunas parcelas o la incomodidad de un trazado urbano caprichoso producen hoy en día una impresión contradictoria en el caminante o conductor. En conjunto, la mezcla de construcciones y épocas no deja de ser curiosa, así como la crueldad de un destino que apenas ha dejado nada del Santander más histórico, sólo alguna iglesia (Catedral y Compañía rehabilitadas) y los restos del Cristo y antigua abadía de los Santos Mártires.

Se han anunciado próximas celebraciones para conmemorar la efeméride del incendio; todas ellas, que yo sepa, tienen que ver con las nuevas instalaciones de los bomberos. Hasta que se verifiquen próximos y necesarios actos, cabe recordar que en 1989 se inauguró en la rotonda próxima al hotel Bahía el Monumento al Incendio y su Reconstrucción, obra de José Cobo Calderón (Santander, 1958). Artista asiduo en ferias internacionales (MACO, Art Chicago, ARCO, Art First), es uno de los artistas españoles más singulares. Cobo, residente en Santander desde hace algunos años, ha trabajado en Nueva York y ha sido profesor del Departamento de Escultura del School of Art Institute de Chicago. Tiene en su haber, entre otros reconocimientos, las becas “Merit” y “Unendowed” de Chicago y la II Beca de Artes Plásticas de la Fundación Marcelino Botín. Además de varias salas españolas y mexicanas, la obra de

José Cobo ha sido acogida por galerías de los Estados Unidos: Superior Street Gallery de Chicago, Kalamazoo Institute of Arts, Maya Polsky Gallery, Jon Oulman Gallery o Fish Tank Gallery de Booklyn. Su obra reflexiva y antropológica se ha podido ver en las salas cántabras Fernando Silió y Robayera o la madrileña Arnés y Röpke.

Un aspecto clave de su trabajo es la pretensión de construir un discurso inteligible más allá de los prejuicios y convencionalismos geográficos y culturales. Pese a ello, José Cobo encuentra motivos inspiradores en aquel Santander traumático y eclosionador, que parece provocar a la historia y que le sugiere retos que tienen que ver con la realidad humana a distintos niveles, antropológico, sociológico, histórico… Por eso sus “Raqueros” del muelle, por ejemplo, no son sólo peredianos o consecuencia de un pintoresquismo hipócrita, sino que sobre todo sugieren una reflexión actualizada del devenir del hombre representado en las figuras de niños desnudos que se identifican a sí mismos y buscan su espacio.

El “Monumento al Incendio y Reconstrucción de 1941” es indudablemente un homenaje silencioso a un acontecimiento traumático, pero también una llamada al hombre actual ante el poder de la naturaleza y la fatalidad del fuego, una afirmación trágica sobre los seres que son capaces de resurgir del escombro. En esta obra, en estos personajes que están como aislados unos de otros pero a la vez compartiendo un espacio, José Cobo plantea una interrogación, un desasosiego que se convierte en verdadero motivo para la comunicación. Junto a los personajes de bronce, el gran bloque de mármol blanco supone el renacimiento, la reconstrucción, la llama de la vida, sin provincianismos ni tópicos. Estas figuras podían haber sufrido la misma tragedia en cualquier lugar del mundo, de ahí que esta intervención urbana del escultor y ciudadano Cobo sea toda una reflexión existencial que en su perpetuo silencio nos recuerda el límite que configura la realidad del hombre.

 

 

Para ver más fotografías sobre el monumento de José Cobo, pincha el enlace al vídeo.

Una tesis sobre toponimia


Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 30 de enero de 2011

 

Una tesis sobre toponimia

Suelen las tesis doctorales quedarse en el baúl de los recuerdos, en ese espacio onírico en que conviven el tiempo invertido en ellas y las extrañas ilusiones que los doctorandos concitan para realizarlas, a menudo invirtiendo tiempo y dinero que extraen de otras dedicaciones. El mundo de la tesis doctoral es un extraño mundo en que alguien se postula para el máximo grado académico, en un ámbito, el universitario, por donde pululan excelentes profesionales junto con advenedizos cuyo unico mérito ha sido estar en el lugar adecuado en el momento en que pudieron meter la cabeza en el predio de la excelencia. Por eso, por lo que cuesta, por las pocas que se presentan cada año, por el escaso rendimiento y la escasa valoración que produce en nuestra sociedad (que tiende a premiar al ignorante y silenciar al que puede aportar algo útil), creo que hacer una tesis es noticia. Y aún es más noticiable si se ha hecho como se hacía antes, con el aprecio por el objeto de estudio y por el desarrollo de un talento personal sin esperar  mucho más que la satisfacción de un trabajo concienzudo sobre un terreno hasta ahora yermo.

Acaba de editarse la tesis de Marcelino Cortés Valenciano, profesor (continuar…)

 

 

Visitar el blog de M. Cortés.


Balada triste de trompeta


Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 19 de diciembre de 2010

 

BALADA TRISTE DE TROMPETA

 

Acaba de estrenarse la última película de Álex de la Iglesia, “Balada triste de trompeta”, que toma su título de una célebre canción de Raphael. El filme viene avalado no sólo por la trayectoria de su director, que me parece de los más interesantes y personales del cine español actual (con todas sus deudas artísticas con otros grandes, evidentemente) sino por el León de Plata a la Dirección y la Osella al Mejor Guión en el último Festival de Venecia. La acción de la película se vertebra en dos niveles cronológicos perfectamente complementados. Por un lado, 1937, cuando los payasos de un circo son reclutados a la fuerza por el bando republicano y contribuyen a provocar una matanza en las tropas franquistas, con las consecuencias que ello supone, fusilamientos, encarcelaciones y trabajos forzados en ese Valle de los Caídos que al parecer sigue tan actual. Por otro lado, 1973 (continuar…)

Un actor en Tudanca


Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 21 de noviembre de 2010

 

Un actor en Tudanca

No se sabe con exactitud el día que la compañía de La Barraca de Federico García Lorca estuvo en Tudanca pero seguramente fuera el 16 de agosto de 1933. No sé si fue toda la compañía la que vino por carretera (en realidad no muy distinta a la que hoy asciende desde Puentenansa, con unas obras que parecen eternas), pero en el pueblo del Nansa entregaron a José María de Cossío (amigo de Lorca desde 1924) un diploma de “barraquito honorario” que lleva la dedicatoria autógrafa del poeta granadino: “Al gran José María Cossío los “barracos” de la “Barraca” / el día de su nombramiento de barraquito honorario -1933- Agosto”. Y, en él, las firmas de Domingo Carbonero, Julita Chorpatelia, Ambrosio Fernández-Llamazares, Carmen Galán, Emilio García, María del Carmen García Lasgoity, Federico García Lorca, Alberto González Quijano, Jacinto y Modesto Higueras, Diego Marín, José María Navaz, José María Obradors, Concha Polo, Manuel Puga, Carmen y Julián Risoto, Eduardo Ródenas, Rafael Rodríguez Rapún, Aurelio Romeo, Luis Sáenz de la Calzada, Joaquín Sánchez Covisa y Eduardo Ugarte. El documento que aún se conserva parece rescatar del olvido tantos nombres y la presencia barraca en Tudanca; está sobre un paño multicolor con el emblema de la farándula (la rueda del carretón y la carátula) diseñado por Benjamín Palencia, y lleva en el reverso el membrete de la Universidad Internacional de Verano en Santander. ¿Qué más sucedió aquel día en Tudanca?  (continuar…)