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Las teorías conspirativas de la historia y el aborto


La palabra olvidada no se hace responsable de las opiniones volcadas en el siguiente artículo. El único responsable es su autor.

 

Juan Manuel Aragón nos envía el siguiente artículo de opinión. (Entra en su blog, pinchando en su nombre)

 

Las teorías conspirativas de la historia y el aborto

 

En un momento dado de la Argentina, sin que nadie lo haya buscado, vuelven a tomar aire las teorías conspirativas de la historia, esas que sostienen que las cosas no suceden porque sí, sino porque hay voluntades más fuertes que tienen el hilo de los acontecimientos y tiran de él cada vez que lo necesitan. Pareciera que hay quienes están interesados en fomentar que los diarios hablen de crímenes, violaciones, robos y muertes que suceden en la calle. 
 
También hay interesados en mostrar que el aborto es una decisión que involucra solamente a la mujer que lo practica y por lo tanto no es delito.

 Como si una mano prodigiosa mezclara las cartas, otros pretenden que el aborto funciona como un disuasivo del crimen. Esta teoría dice que  a mayor cantidad de abortos actuales, menos crímenes en el futuro. 

 Así como lo oye, amigo. Esta gente argumenta que la decisión de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, en 1973, en el caso Roe versus Wade, que invalidó todas las leyes estatales que restringían el acceso a un aborto durante el primer trimestre de embarazo, contribuyó a que dos décadas después disminuyeran drásticamente los crímenes en ese país. Como se sabe, en la práctica, esa decisión judicial legalizó el aborto en los Estados Unidos.

 El autor de la teoría es el economista Steven Levitt, quien “escribe bien, enseña bien y es muy respetado por sus pares”, según una nota que firmó Florencio Sánchez en El Economista, en abril del 2005.

 Allí se lee que esta decisión explica en buena medida la disminución del crimen. La teoría se basa en dos premisas, los hijos no deseados corren mayores riesgos con relación al crimen, y la legalización del aborto reduce el número de hijos no deseados. 

 Agrega el articulista: “Las investigaciones de Levitt muestran que aquellos estados que permitieron el aborto tres años antes que Roe versus Wade experimentaron una disminución en el crimen antes que el resto de la Nación”.
 
Dicho en buen romance, si abortan todas las mujeres que tienen un hijo no deseado, dentro de veinte años habrá menos delincuentes por las calles.

 Los partidarios de las teorías naturalistas de la historia dirán que es una casualidad que justo en este momento haya gente que promueva penas más duras para los delincuentes callejeros al lado de otra que pretende que las mujeres aborten impunemente, como una forma de terminar con la pobreza. Para que se pongan de acuerdo, quizás solo falte que en una manifestación cualquiera, se hallen frente a frente a frente los unos y los otros.

 Esta teoría choca, como muchas, con la realidad. Porque en los países del sur pobre a veces mata más un señor con una lapicera en la mano que cualquier banda de delincuentes armados hasta los dientes. En estos casos, nadie imagina que un partidario del aborto diga, “mira, allá va una embarazada, cuyo hijo cuando sea grande es muy probable que sea funcionario y luego se venda por unas monedas o haga desaparecer el dinero que le confiaron para comprar remedios o venda su voto como legislador a quien le pague más, vamos a convencerla de que aborte”.

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No es que no quiera, es que no puedo


Regular y no extender es el slogan que deberían aprenderse muchos ciudadanos

que ayer se manifestaron contra la ley del aborto. Ante todo, y más en este terreno, hay que respetar la opinión de la gente, eso que vaya por delante, para consigo misma, pero no generalicemos.

Me ha sorprendido mucho ver (en las imágenes que he visto, que seguro que hay más) que los manifestantes no bajan de los 50-55 años de media. Entiendo por qué no quieren una ley del aborto, ellos ya no tienen posibilidad de NECESITARLO. Y reitero lo de NECESITARLO en contraposición a ENTOJARSE, APETECER, PREFERIR o incluso QUERER.

Como bien sabemos todos, o deberíamos, el aborto es un procesor difícil y no únicamente para el feto. No conozco a ninguna mujer que haya pasado por ello, y si la conozco, no lo sé, pero no creo que sea maravilloso y estupendo tener que interrumpir un embarazo. La mayoría de los casos comportan unas consecuencias no ya físicas sino psicológicas en la embaraza que no se pasan “porque me apetezca”.

Pero ese es otro tema, ahora estoy escribiendo aquí, con el riesgo de que me acribillen, en contra de la idea generalizada de que

establecer una ley del aborto es permitir que aquí aborte todo chichirimundi

y como podrán entender, no es eso lo que se persigue. Al menos no es lo que yo entiendo por “legislar”. La ley del aborto, a mi parecer, es una manera bastante correcta de REGULAR los abortos asistidos, de legalizar unas intervenciones que -y aquí viene donde se me van a escandalizar algunos sectores de la sociedad- ocurren cada día en mil lugares distintos con condiciones higiénicas y de seguridad bastante dudosas. No se me engañen, evitar una ley del aborto no va a causar, por sistema, que la gente deje de abortar, “como es ilegal” no hay que hacerlo. Y me pongo en la piel de las personas biológicamente fértiles, no en la de personas que dada su edad necesitarían de fecundación in vitro para provocarse un estado de preñez. Fecundación, ésta, que es buscada en todos los casos ocurridos.

¿Y acaso no es también antinatural que una mujer se someta a un proceso de fertilización cuando no puede tener hijos?

¡Ah! ¡No! ¡Oiga! Que eso es dar vida, no quitarla. Ya, eso está clarísimo. Pero es igual de antinatural.

Durante toda la historia de la Humanidad, han ocurrido abortos y otros han sido provocados. Creo que con los tiempos que corren, es hora ya de que alguien asista a esas chavalucas que se quedan embarzadas POR UN ACCIDENTE (las que se pasan el día de la cama a la píldora del día después me dan tremendo asco y pena), con la seguridad de que no van a tener que ir por la calle con el sombrero y el sambenito por impúdicas y lozanas mozas de vida fácil. Porque, si el niño no es deseado y sigue sin serlo con el paso del tiempo ¿qué puede haber peor que un niño culpado del descalabro de una vida?

Por supuesto, admiro a aquellos padres prematuros que han llevado a cabo una fantástica labor criando a esos hijos inesperados. Pero incluso a ellos, habría que preguntarles si, en las circunstancias actuales, no desearían que sus hijas tuvieran la opción de.

Como decía antes: REGULAR y no EXTENDER es lo que algunos no entienden. Regular y no extender el límite de edad del feto hasta el cual se puede practicar un aborto. Regular las condiciones de la práctica. Y sólo en este caso: EXTENDER LA INFORMACIÓN ACERCA DE DICHA PRÁCTICA Y SUS  CONSECUENCIAS. EXTENDER LA EDUCACIÓN, NO SÓLO SEXUAL SINO TAMBIÉN EMOCIONAL. EXTENDER LOS MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS A PRECIOS MÍNIMOS.

REGULAR Y NO EXTENDER LA OPINIÓN DE SECTORES QUE NO TIENEN NADA QUE VER CON ESTAS CIRCUNSTANCIAS. REGULAR Y NO EXTENDER EL PAPEL DE LOS QUE NO VAN A TENER LA DESGRACIA DE VIVIR UNA EXPERIENCIA COMO ESTA.

Por último:

Regular y no extender la absurda idea de que no por dejar de legislar el aborto, la gente va a dejar de tener relaciones sexuales.

Ideas absurdas que tienen los que en vez de preocuparse por sus fieles, hacen pancartas del tamaño de elefantes haciendo que cada vez sea más difícil se un buen hombre de Dios.

Y ahora entiéndanme como quieran. La cosa está muy clara. Cada cual que elija su futuro y, en consecuencia, el de su hijo. Pero tener la opción de  abortar significa que, cuando realmente te encuentres preparada, aquel hijo que tengas será criado con total conciencia de que la vida es lo más valioso que tiene cualquier persona y sus derechos son los márgenes según los cuales esa vida puede transcurrir del modo más libre posible.

Yo sí estoy a favor de la ley del aborto, y no del aborto libre y sin control.

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