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Manuel Jurado López, Premio Alegría


Artículo de Mario Crespo para el ALERTA, día 22 de junio de 2008.

 

Acaban de conceder al profesor y poeta sevillano Manuel Jurado López el Premio Alegría que convoca el Ayuntamiento de Santander, seguro que con todo merecimiento. He sido de los primeros en enterarme: en seguida se puso en contacto conmigo vía email, que es el camino que facilita nuestra comunicación, a pesar de todo discontinua, desde que nos conocimos en mayo del año 2005. Fue en Orihuela, durante la feliz coincidencia de la recepción de los premios anuales de la Fundación Miguel Hernández; en su caso, le daban el Internacional de Poesía por “La luz es una espada” (Hiperión, 2006); en el mío, el Internacional de Periodismo por un artículo publicado en ALERTA sobre la relación de amistad entre José María de Cossío y Miguel Hernández. (El obsequio artístico que me dieron, por cierto, se encuentra en la Casona de Tudanca, que es donde más sentido tiene que esté). Allí también estuvo el poeta catalán Andrés González, que recibió el Premio Nacional para jóvenes poetas que convoca cada año la Fundación Miguel Hernández. Como no podía ser de otra manera, recuerdo con mucho agrado ese día. A la mañana siguiente, Manuel Jurado, mi hermana y yo fuimos a visitar la casa de Miguel Hernández. Firmamos en el libro de honor (yo, sin duda, inmerecidamente) y estuvimos a la vera de la famosa higuera de su huerto, inmortal por la inmortal “Elejía a Ramón Sijé”.Guardo unas fotos de esos momentos inolvidables y aún guardo, bien conservado, un limón que recogí del suelo, como fruto perenne, humilde, apegado a la tierra de los versos del poeta de “El rayo que no cesa”.

No podía imaginar entonces, cuando don Manuel y yo nos despedimos, que nuestros caminos se iban a volver a cruzar enseguida. Fue durante la redacción de mi libro sobre el Ateneo de Santander. Resulta que el Ateneo convocó durante algunos años un premio de poesía que llevaba el nombre del poeta montañés “Miguel Ángel de Argumosa” y que estaba patrocinado por su viuda, Carmen María del Peral y Fortón. Los poemarios, escritos en castellano y con una extensión entre 500 y 700 versos, debían ser rigurosamente inéditos. El premio reportaba una placa artística acreditativa y la cantidad de 75.000 pesetas. El fallo se daba a conocer en la noche del sábado anterior al 21 de marzo, “Fiesta de la Primavera”. Cuál sería mi sorpresa al comprobar que la primera edición del premio, celebrada en 1977, tuvo como ganador a Manuel Jurado. Aquella convocatoria tuvo su anécdota, que me relató con las siguientes palabras el propio protagonista, via email, el 19 de octubre de 2005: “Al parecer mi “Crónica del silencio” apareció sin la correspondiente plica. De modo que no sé si se extravió en el Ateneo o no la incluí. El caso es que, al llegar al colegio donde enseñaba, a la mañana siguiente del fallo un compañero me comentó que en la radio escuchó el caso singular del premio del que no se sabía el nombre del autor y no se había podido tener contacto para comunicarle el resultado del Jurado. Le pregunté, por pura intuición, el título del libro. No me lo pudo decir exactamente y me habló de algo del silencio… Así que me puse en contacto con el Ateneo, después de ciertas dificultades. Fueron tan gentiles que comprendieron la situación y como yo tenía copias del libro, no hubo problema alguno para la entrega del premio. Fue un acto muy entrañable porque además me permitió conocer a Leopoldo Rodríguez Alcalde, Aurelio García Cantalapiedra, Julio de Pablo, Gloria Torner y Arturo del Villar entre otros. Y con ellos pasé unos días inolvidables porque me acompañaron y me enseñaron no sólo Santander sino sus espléndidos alrededores. Aurelio me brindó unas páginas de “Peña Labra” y en la revista colaboré en un par de números o tres. El libro de poemas no se editó”.

A partir de entonces, Jurado López mantuvo cierta relación con algunos proyectos editoriales cántabros: además de “Peña Labra”, colaboró en el libro titulado “Gloria Torner en la voz de los poetas”. Sería también finalista del Premio Ateneo de Santander 1984 con la novela Tefisa; recojo el dato salvándolo del previsible olvido de estas inquietudes y reflejando, a la vez, las múltiples dedicaciones literarias de este escritor, traductor y profesor sevillano, poeta de largo recorrido y muy destacada trayectoria jalonada por multitud de reconocimientos.

En noviembre, después de los años, Manuel Jurado regresará a Santander para recoger su Premio Alegría 2008. Para alegría de todos quienes nos consideramos sus amigos y para alegría de todos los amantes de la poesía. Entonces nos daremos otro abrazo, que nuestros abrazos sólo pueden darse si atraviesan España de punta a punta. Mi enhorabuena, poeta.

 

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