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Contra natura. La naturaleza del hombre: el conflicto.


     Esta misma mañana he finalizado la lectura de probablemente la novela más comprometida consigo mismo de Álvaro Pombo, Contra natura. Antes de aventurarme con el libro, quisiera dar unos pequeños trazos de lo que, al menos para mí, significa esta figura de la literatura española actual.

     Álvaro Pombo es -y supongo que haya sido siempre- un gran observador del ser de las personas, de las que tiene a su alrededor. En las pocas ocasiones que he podido estar en su presencia y debido a que yo misma tengo esa curiosidad (inquieta en mi caso, probablemente) de observar, me he dado cuenta de que, aunque sea él el centro de esta o aquella reunión, observa, mira y analiza a su o sus interlocutor/es de una manera exquisita, sin llegar a ser nunca amenazante (no a mi parecer) o incómoda. Y quizá sea esta capacidad de ver en las personas lo que le lleva a unas descripciones tan reales de los personajes de sus novelas, y no hablo de descripciones al uso con “tiene o deja de tener, mide o deja de medir, pesa o deja de pesar”, que también las incluye, hablo de la descripción que uno construye en su mente a partir de la lectura de las acciones que Pombo introduce en sus personajes.

     No es un hombre corriente, y sus personajes, a pesar de que algunos lo pretendan, tampoco lo son. Incluso los más simples personajes de don Álvaro, los que menos “chicha” pudieran tener, aquéllos que no anhelan, que no desean más que con el instinto… Incluso esos personajes tienen en Pombo gran complejidad. Se nota además el paso del tiempo en Álvaro Pombo, y no me refiero a las canas, las arrugas o los hablares, sino a la evolución de sus novelas. No he leído hasta ahora más que cinco novelas suyas (Contra natura, La Fortuna de Matilda Turpin, Donde las mujeres, El Héroe de las mansardas de Mansard y El cielo raso), además del compendio de poemas que es Protocolos, pero creo que puedo hacerme una idea más o menos clara del Pombo literario. No obstante el gran contenido de vocabulario y citas filosóficas que todas las novelas de Pombo tienen -no es para menos, si uno ha estudiado la materia-, la novela de Pombo es fácilmente legible, que no comprensible o asimilable. Cuando se lee una novela de Pombo, primeramente, se pasa sobre las palabras, es el posterior descubrimiento real de cada palabra lo que hace de cualquiera de sus novelas, declaración de principios, no tanto de los del autor como de los que uno mismo descubre para sí.

    Dicho esto, que no pretendía ser tampoco un intento por dorarle la píldora a un Pombo que no leerá esto, ni tampoco una apología de su persona, últimamente un tanto ligeramente tratada a causa del apoyo a un partido político (no entraré en ese juego), continúo hablando de Contra natura.

     Esta novela, que el propio autor sitúa temáticamente en la trivialidad, el tratamiento superficial o banal que se le da a la homosexualidad actualmente (aunque bien podría tratar de cualquier otro tema tan lejos o tan cerca de la homosexualidad como se quiera), abarca la vida de cuatro hombres, de diferentes edades entre sí. Cuatro vidas que confluyen llegado un momento y que dan o quitan sentido al pasado y el futuro de cada uno de los personajes.

     Salazar, quizá el personaje principal, aunque no lo haya en esta novela, es un hombre de sesenta y tantos que, además de todo lo que parece tener, es un hombre de carencias. Allende, demasiado fiel a unos principios lógicos, parece la coherencia de la novela; pudiera llegar a tratársele como la réplica de Salazar, un antagonista. Durán, un chico joven, de unos treinta años, que más que estar perdido, parece nunca haberse encontrado, pero que está totalmente seguro de su inclinación sexual. Y Juanjo, aparentemente un tipo al uso, vulgar e indefenso.

     Estos cuatro personajes, rodeados de algún otro como pudieran ser Emilia, Lucía o Chipri, enmarcan una difícil novela que trata más temas que la homosexualidad, presente, por otro lado, en todas las novelas de Álvaro Pombo.

     Quizá, atreviéndome demasiado, pudiera reprocharle a Pombo la poca intensidad general que le da a sus personajes femeninos, pero bueno, cada uno es cada cual. No obstante, recomiendo la lectura de esta novela a todo aquel que se encuentre cada mañana la cabeza sobre los hombros, no es, ni mucho menos, novela de aire, de paseo… Es novela de pensamiento y meditación, tanta como posiblemente tuvo Pombo para escribirla.

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Categorías:Novela Etiquetas:
  1. 7 junio 2008 en 2:55 pm

    La cuadratura del círculo, de lo mejorcito de Pombo………..

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