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Un dibujo de Lorca


Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA
UN DIBUJO DE LORCA

Federico García Lorca, tantas veces citado y quizá no siempre leído y desde luego pocas veces comprendido del todo, sigue siendo un personaje esencial de nuestra historia. Se sigue trabajando en su figura, pasados los empalagosos fastos del centenario de su nacimiento, celebrado en 1998, hace ya diez años. Recuerdo que la sensación entonces era de cierto astrago de tanto Lorca por aquí y Lorca por allá. He visto un documental formidable sobre la muerte del poeta: “El mar deja de moverse”, se titula, y  lo dirige Emilio Ruiz Barrachina. En él aparecen , entre otros, Ian Gibson, Félix Grande y varios de los Rosales. Falleció Pepín Bello, uno de los inevitables entrevistados, que a sus 103 años aún se emocionaba recordando la voz y la presencia del poeta de Granada. Escuchar a Pepín Bello era una experiencia inolvidable que rescataba del pasado episodios que parecían revivir en su palabra quebrada por el sentimiento. No han pasado a la historia con tantas luces quienes ordenaron el asesinato del granadino: imagino que el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio e imagino que al cretino, sea del color que sea, le espera sólo el olvido. Claro que el olvido nos esperará a todos, es inevitable, pero el olvido que se ciña en los cretinos vendrá con el silencio insondable de todos sus muertos. Lo dijo Luis Rosales más o menos así, que cómo era posible que la persona más importante de España fuera asesinada por quien no pinta ni pintaría nada en la historia del país. Y la queja era la queja amarga del dolor y del sinsentido. España sufrió una Guerra Civil y todo el mundo con dos dedos de frente coincide en señalar que es lo peor que le puede pasar a un país. Tal concentración de ira y de violencia absurda por unos y por otros, las terribles represiones, el exilio, la muerte para generaciones de españoles, en fin, fue tan grande que su eco, querámoslo o no, llega hasta nuestros días. Yo no quiero que la memoria histórica sirva para borrar páginas de nuestra historia, sino precisamente para sacar a la luz lo que ocurrió con la mejor intención posible, en un afán constructivo para un país demasiado resquebrajado por intereses no siempre comunes y sobre todo por episodios de muerte y desolación, brotes de sinsentido que ojalá nunca más ocurran. Por eso creo que todo lo que tiene que ver con la Guerra Civil hay que tratarlo con cuidado y a la vez con el rigor que es propio de la historiografía, no de las parcialidades políticas. Para mirar al pasado no quiero una atalaya sembrada de cadáveres, sino la voz triste de los fantasmas que quieren sobrevivir a tanta insensatez.

Yo también tengo que vivir con la muerte de Lorca, y para ello qué mejor que volverse a la literatura y al arte, extraños consuelos del alma. Hace poco apareció un dibujo suyo, en realidad dos poemas y dos dibujos inéditos realizados en dos caras por él y por uno de sus grandes amigos, el pintor uruguayo Rafael Barradas (1890-1929). Marc Sardá, coautor de Conversaciones con José (Pepín) Bello, me envía amablemente una copia de esta obrita verdaderamente curiosa. En El País del pasado 16 de marzo se da cuenta de este suceso y se explican algunos pormenores de esta pequeña joya que une a dos artistas. En una cara, el retrato de la actriz Catalina Bárcena, musa del dramaturgo y empresario teatral Gregorio Martínez Sierra, para quien Barradas trabajó un tiempo. Catalina Bárcena, aunque nacida en Cuba, era de origen montañés; fue, antes que Margarita Xirgu, la actriz favorita de Lorca. Todos los retratos que pretendía realizar el pintor Barradas confluían, al final, en el de la actriz: no le salía más que la Bárcena y por eso Lorca le escribe al lado del retrato: “Tú que nunca enseñas / la mirada en los rostros / quise atreverme a ponerlos / en tu dibujo. / ¿A medias dijiste, no? / Catalina, tan hermosa, siempre / la dibujas, preciosa. / Querido amigo, pero / sin sus ojos ni labios / ¿vaya a saber Dios por qué? / ¡Para ti no sería difícil! ¿O sí?”. La otra cara podría simbolizar tanto sufrimiento desde la hermosa perspectiva del poeta: en ella dibujó Lorca un payaso llorando, cogiendo el pétalo de un aflor cuyo tallo son sus propias lágrimas y escribió: “Mis ojos están llorando / sabes de mi alegría, porque / están tocando el cielo / salud, amigo”.

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  1. 17 febrero 2009 en 11:26 am

    Clara, no comprendo muy bien tu comentario… Se trata de un artículo, no de un ¿concurso?

  2. Clara
    16 febrero 2009 en 10:08 pm

    esto es un concurso, ¿verdad?, pues donde estan las reglas

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