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Pobre libro mío…


     … Que ya te olvidan hasta el año que viene, que te compran y te guardan para “cuando tenga tiempo”, que te mencionan sin leerte y si hay suerte te leen sin mencionarte… Pobre libro mío, que no te exponen junto a la entrada como a la rosa que te acompaña, ni en la mesilla de noche: en la estantería, en el mueble donde aguardan tantos otros pobres libros…

     Quiero hacerte un regalo, para que hoy no te olviden, aunque ya no sea 23 de abril, pobre libro mío, esto es para ti (y para el que quiera leerlo):

12

De dos en dos
vinisteis por abril bajo los álamos,
a las terrazas de los bares.
Y nosotros estábamos mirando las montañas…
Descuidados y al margen,
convencidos de que el amor no volvería,
sorbíamos la luz de la mañana
con las ajenas manos
sobre la mesa, al lado de las nuestras.
Contemplábamos
el vaivén de los niños, los colores,
las ramas ya cargadas… Y vinisteis.
Sólo el sueño puede verse
tan claro.

    Habituales e insólitos,
con los ojos transidos de recados;
os sentasteis junto a nosotros
para enseñarnos el amor,
la convivencia, el bien, la paz recuperada,
el alto y poderoso sol de todos…

A cuatro manos
se toca la más dulce sinfonía:
su nombre sólo el mar
es capaz de decirlo.
Había mucha sangre
por las calles del corazón
y blancos paños la secaban. Era
como si enero regresase siempre
con sus nieves limpiando el universo.
Ser tan poco y tener tanto camino
que andar… Juntos. Juntos o nada.
Morir es nada más
ser olvidado. Abrir los brazos para
quedarse con abril a solas, bajo
los álamos y el cielo.

Es tan duro el amor: tan duro como
el desamor. Andamos, nos miramos
de lejos. No aprendemos.
Tendemos las manos…
Todo es andar a oscuras, todo es lágrima.
Recordamos aquella
primera muerte que sufrimos,
y que es ésta otra vez.
Luchamos y morimos cada día.
Nada es igual que imaginamos.
¿Dónde estáis ya? ¿Es la muerte
lo único que aguarda a nuestro amor?
No, la muerte sólo es ser olvidado,
en las terrazas de los bares, solos,
sin que lleguéis vosotros a enseñarnos
como antes, a mirarnos como antes…

Pero, por fin, volvéis.
Habéis venido con abril,
bajo los verdes álamos
a hacernos compañía en la tristeza.

Antonio Gala; MEDITACIÓN EN QUERONEA

 

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Categorías:Otros, Poesía Etiquetas: ,
  1. 27 abril 2008 en 6:58 am

    Es la primera vez que leo a alguien que “siente” por un libro y de verdad me agrada y eso no sólo pasa con él; pasa con una serie de cosas que ya no responden a las preocupaciones de antaño: El amor, la verdad, la justicia, la solidaridad, la paz, entre otros valores trastocados y confundidos; y claro en ello “la carencia del amor por la lectura y su objeto más precioso: el libro. De un tiempo a esta parte, estamos sumergidos en un relativismo que agobia, pero que agrada; que confunde pero que a la vez lo permitimos, tanto que lo bueno es malo y vice versa. Ah; y gracias por el texto de Antonio Gala, exquisito bocado para saborear eternamente el aniversario del libro. Congratulaciones por el blog.

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