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L. Contemporánea – L. Rodríguez Alcalde


Dado que aún no he realizado ningún post en memoria de Leopoldo Rodríguez Alcalde, y con motivo de la llegada a mis manos de La esfera de la dicha, de Mario Crespo, voy a dejar aquí constancia de ese aspecto poco conocido de la vida de este hombre habitante de varios y extraños mundos que él fue (y me voy dando cuenta ahora).
LA DERROTA DE LAS HORAS, 1970
Ante los días
Si hay que vivir, vivamos. Si nos hablan de olvido
afirmemos, seguros, que no ha pasado nada.
Que se ha quedado inmóvil la esfera de la dicha
y que los viejos árboles se estremecen, felices,
al escuchar con ansia la canción del jilguero.
Rompamos esa copa sobre el mostrador sórdido
bañándole en el vino turbador del antaño,
para que no se diga que germina la nieve
sobre el rebelde campo del agosto vencido.
Brindemos con los rojos vidrios de la esperanza
que transparentan sueños nimbados de imposible.
Si hay que soñar, soñemos. Me asaltaron, de pronto,
cual brotando de un soplo de agrestes madrugadas,
unos ojos más verdes que la hierba de mayo
y un cabello más rubio que la arena de estío.
Su perfume es tan áureo como el fragor del aire,
sorprendido en los días, macerado en los versos.
Y hay un rocío cálido sobre antiguos esmaltes,
mientras el corazón, cogido de la mano
grácil y femenina, se encomienda a labúsqueda
del azul paraíso que los siglos ciñeron.
Si hay que llorar, clamando por lo que se ha perdido…
¡No se ha perdido nada! Si sales a la calle
te asombrará el orgullo de la mañana esbelta,
te inundará el semblante fecundo de las ramas,
te colmará el murmullo de la costa dormida
y hechizará de nuevo tus labios el jadeo
de la boca quemada que amaste en otros años.
¡No se ha perdido nada! Por mucho que sufrieses,
no hay realidad más viva que el claror de tu sueño.
Si algún día lograste que un alma te quisiera,
si alguien que te imagina sonríe al recordarte,
si un pobre verso tuyo perdura en otros labios
cuando musitan algo de juventud o dicha,
si acrecentaste un poco, un nada, la belleza
del mundo con un rayo de bondad ignorada,
¡a ver qué incertidumbre te quita lo bailado!
Si hay que vivir, vivamos. Cada noche que muere
acrecienta el callado cristal de la tristeza
o el ritmo penetrante de la melancolía.
Pero, aunque lo ignoremos, cada aurora que nace
se dispone a entregarnos algún regalo nuevo,
con el paso menudo de madre ilusionada
que, en mañana de enero, deposita en la alcoba
infantil y abrigada los deseados juguetes
que pueblan la sonrisan de su niño dormido.
Permíteme, Leopoldo,
que hoy use tus versos:
 De tu Eurídice a mi Orfeo
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Categorías:Poesía Etiquetas:
  1. Diego Rodriguez
    19 mayo 2008 en 1:53 am

    Me complace todo lo que se escribe sobre Leopoldo Rodriguez Alcalde. Si bien lo conocì en Julio de 2007 cuando viaje a España, sabia de el a la distancia. Eso se debe que soy argentino y soy nieto del hermano del Padre de Leopoldo, un prestigioso medico de Santander. Ahì conocì a Leopoldo ya internado en Mompìa, y ese dìa estaba junto a èl cuadandolo Mario Crespo.
    Me gustaria saber las publicaciones que hay para poder adquirirlas.
    Gracias por todo lo que se escribe sobre èl
    Diego Germàn RODRIGUEZ
    Argentina.

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