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La esfera de la dicha

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Mario Crespo visto por Leopoldo Rodríguez Alcalde

 

                En La esfera de la dicha. Vida y obra poética de Leopoldo Rodríguez Alcalde (1920-2007), Mario Crespo ha intentado huir de la simple plasmación del sentimiento que le suscita la vida y la obra de Leopoldo, sin embargo, a pesar del preciso análisis de las mismas, podemos conocer, gracias a Rodríguez Alcalde las experiencias poéticas de su último biógrafo y también su amigo, sin dejar de admirar la desconocida creación de este santanderino.

 

                Mario Crespo nos acerca a Leopoldo desde diversas perspectivas ahondando en la mirada poética. Por las palabras de su autor, en La esfera de la dicha encontramos a un Rodríguez Alcalde ecléctico, lector incansable y apasionado de muy diferentes escritores. Sus temas pueden pasar por el más fiel Romanticismo, acercarse desde la experiencia personal rozando la poética el 50, impregnándose de religiosidad sin olvidar esos tradicionales conceptos (como son la belleza femenina, el amor, el paisaje, etc.). No olvida el autor mencionar influencias en Leopoldo como son Rilke, Quevedo, el Modernismo y la poesía francesa contemporánea que tanto y tan bien tradujo. Este compendio de grandes poetas es lo que hace de la poesía de Leopoldo una innovación, más aún si tenemos en cuenta que poco o nada se conocía, en general. Es lo que hace, también, que Mario Crespo se introduzca tan profundamente en el perfil poético de Rodríguez Alcalde con el miedo añadido que produce estar escribiendo acerca de un amigo.

 

                La considerable producción poética de Leopoldo Rodríguez Alcalde nos es descubierta cuidadosamente pero con precisión en este libro, a mi parecer tan completo. Y es esta intensidad y esfuerzo lo que nos muestra la voluntad de su autor. Como todo poeta, Leopoldo se resiste a caer en el olvido y Mario Crespo, como amigo y como confidente en los últimos años de vida del poeta, le rescata ahora para la posteridad. Porque no me cabe duda de que La esfera de la dicha será útil obra de consulta y de entretenimiento para los amantes de la poesía, y en concreto de la poesía de Rodríguez Alcalde. No se trata de un resumen sino de un desarrollo específico de cada creación del poeta y traductor, desarrollo que va desde el análisis formal hasta la propia identificación de la vida de Leopoldo gracias a la transparencia de sus poemas.

 

                 En La esfera de la dicha, podemos llegar a conocer a Leopoldo, y no sólo en su faceta de escritor, ya que las primeras páginas del libro nos revelan la vida del poeta, una vida siempre unida a la literatura. La impresión personal que me deja la lectura, tanto parcial como completa, de esta obra dista mucho de ser un simple recuerdo de una figura de la cultura española; tras leer las páginas de La esfera de la dicha uno siente que cada poema de Leopoldo es una fiel reproducción del propio pensamiento, de la liberación del ser más íntimo, la exposición de uno mismo a sí mismo, el auto-conocimiento. Es muy probable que no sólo Mario Crespo haya visto resueltas muchas dudas sobre Rodríguez Alcalde tras sus charlas y la investigación que ha llevado a cabo, sino que haya encontrado, también, respuesta a muchas preguntas sobre su propia persona. La biografía de Leopoldo no nos descubre un universo inaudito, no nos muestra a un personaje aparentemente extraordinario; es su poesía, la única vía de escape que al parecer encontró Rodríguez Alcalde, la que nos muestra la faceta tan excepcional del poeta. Gracias a la lectura de la obra de Mario Crespo, podemos identificarnos y sabernos un poco más completos. Ya no sé si Leopoldo, o Mario, o ambos, nos envuelven, a los que hemos leído este libro, en esa esfera de dicha tan difícil de alcanzar.

Mario Camus

Os voy a poner una especie de artículo, desarrollado por la menda, sobre la presentación de Memorias con Arte Vol. 5: Mario Camus, oficio del director, que tuvo lugar ayer, jueves 20 de diciembre, en el Ateneo de Santander a las 20′00h.
Para verlo, pincha en el link.

Fernando Fernán-Gómez

D.E.P. Fernando Fernán-Gómez

 

 Los que compartimos alguna de las tantas pasiones que tuvo Fernando Fernán-Gómez le reconoceremos siempre como “uno de los grandes”, persona de muchos personajes, todos uno a su vez.

 Fernán Gómez ha sido una de las grandes figuras españolas de la escena y el celuloide, un gigante de la cultura. Miembro de la Real Academia Española –donde ocupaba el sillón B- ha recibido, entre otros galardones, el premio Príncipe de Asturias de las Artes, los Premios Nacionales de Cine y Teatro, la Medalla de Oro de la Academia de Cine y cinco Goyas, la máxima cantidad de estos galardones acumulados por ninguna otra figura del cine español.

 

 Todo lo que se pueda decir ahora es poco, aunque venga a cuento, y me siento un poco hipócrita al homenajearle ahora y no en vida. Pero no quiero dejar de hacerlo, así que aquí dejo un espacio para Fernando Fernán-Gómez.

 Lo mejor que me han deparado estos años de trabajo, aparte los ratos de descanso, de no hacer nada, es la satisfacción del propio trabajo en el momento de estar realizándolo. No lo que llamamos el éxito, -que aunque con la contribución del azar y la suma de una serie de casualidades se alcance de vez en cuando, si indudablemente produce alegría, es una alegría muy corta, pasajera, que se olvida fácilemente-, sino el lado misterioso mágico que tiene nuestro oficio, que cuando se alcanza, al sentirse invadido por otra persona que no existe produce un raro pero indudable placer. También pondría en la parte de lo bueno la estima -que de manera tan clara percibía- de mis compañeros; y las amistades, los conocimientos, los amores. Y muy especialmente quisiera señalar la inmensa fortuna de haber podido vivir estos cincuenta años de esa manera tan especial de vivir que tenemos los cómicos.

Fernando Fernán-Gómez, El tiempo amarillo.

Una pareja baila un tango de homenaje a Fernando Fernán Gómez en el escenario del Teatro Español de Madrid. Foto: EFE / MONDELO

 

Caminito que el tiempo ha borrado
que juntos un día nos viste pasar
he venido por última vez
he venido a contarte mi mal.

Caminito que entonces estabas
bordeado de trébol y juncos en flor
una sombra ya pronto serás
una sombra lo mismo que yo.

Desde que se fue
triste vivo yo
caminito amigo
yo también me voy.

Desde que se fue
nunca más volvió
seguiré sus pasos
caminito, adiós.

caminito que todas las tardes
feliz recorría cantando mi amor
no le digas si vuelve a pasar
que mi llanto tu suelo regó

Caminito abierto de cardos
la mano del tiempo tu huella borró
y a tu lado quisiera caer
y que el tiempo nos mate a los dos.

Desde que se fue
triste vivo yo
caminito amigo
yo también me voy.

Desde que se fue
nunca más volvió
seguiré sus pasos
caminito, adiós.

 

- Agradecimientos a: Carolina Pérez García


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