Posteado por: Lucía Fdez. Segura en: Abril 9, 2008
La poética del 50 o generación del 50 (que fluctúa con unos u otros autores) está plagada de creaciones maravillosas con alto sentido social, en unos casos, y con un alma individual en otros muchos. Dentro de esta generación (también denominada, a veces, generación del 60) que vivió en su niñez la escasez general de la Posguerra, se encuentra Jaime Gil de Biedma.
En realidad, es harto complicado etiquetar esta generación de poetas que, aunque unidos por denominadores comunes -entre ellos, su pasión por Antonio Machado-, tiene fragancias muy definidas que, no los opone entre ellos, pero sí los individualiza.
Gil de Biedma, poeta catalán nacido en 1929, estudió derecho en Barcelona y Salamanca. El carácter de su poesía lo acercan a Machado, Vallejo y Cernuda. Como a otros de su generación, se le considera un poeta de la experiencia. La recepción tan intensa de los avatares de la vida lo llevan a abandonar la poesía durante un tiempo, de ahí, quizá, que su obra en vida haya sido de las menos densas de la poética del 50. Murió en 1990 a causa del sida, acompañado por Josep Madern.
*Perdonadme que no incluya la curiosidad que le une a la política a través de una de sus sobrinas*
Y sin más, dejo aquí un par de poemas suyos:
NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Poemas póstumos, 1968.
POR LO VISTO
Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.
Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.
Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.
Compañeros de viaje, 1959.
Qué grande era Gil de Biedma. Este poema sobre el paso del tiempo la verdad es que me impresionó. Lo descubrí hace unos meses y… bueno, ahondó un poquito más mi crisis del 29.
Me alegra haber descubierto tu blog.
Abril 11, 2008 a 12:59 pm
Acabo de descubrir por casualidad tu Blog. Enhorabuena. Me ha llamado la atención, en contraposición al mío, Más palabras para olvidar…