Cuca Nelles, a hurtadillas

Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA, domingo 11 de mayo.
CUCA NELLES, A HURTADILLAS

La Galería Juan Silió acoge hasta el próximo 31 de mayo una nueva exposición de la joven artista Cuca Nelles (Santander, 1974). Hace tres años tuvo lugar en esta misma sala su primera gran individual, después de dos convocatorias en el tristemente desaparecido Pandemoldem, que continuaron con la presencia de la Nelles en Artesantander, el pasado año. De aquella muestra de 2005 en la galería que dirige Juan Silió tuve ocasión de escribir unas palabras: me impresionó la fuerza plástica de esta artista cuya obra no había visto hasta entonces. La pintora, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Castilla-La Mancha, ha participado ya en un  buen número de proyectos colectivos, como “Veinte miradas desde Cantabria a la violencia de género” (2005), “Airearte” (2007), “My name is Esperanza” (2007) o la reciente “Pintura y cine” en los numantinos cines Groucho.

Bajo el título “A hurtadillas” reúne Cuca Nelles catorce cuadros y once papeles muy acertadamente distribuidos en la luminosa galería santanderina. Acompaña un estupendo catálogo que lleva un breve pero acertado texto de Mónica Álvarez Careaga titulado “Nueva subjetividad”, en el que leemos, entre otras consideraciones, que “la postura artística de Nelles es narcisista, exaltada, sarcástica y libre de convenciones. Su concepción del trabajo pictórico entiende el cuadro como un espectáculo imbuido de fisicidad, de sensualismo y exhibicionismo existencial”. Yo no podría de ninguna manera cuestionar ni una sola coma de las palabras de esta historiadora.

Creo que los cuadros que aquí presenta Cuca Nelles guardan una cierta continuidad con la convocatoria anterior que conocimos en Silió. Con admirable firmeza, es la mujer, naturalmente, o, mejor dicho, el personaje femenino, el motivo principal de sus obras, si bien la interpretación de sus composiciones ofrece al espectador una notable pluralidad de significados. En efecto, en estas creaciones se aprecia fisicidad, sensualismo y exhibicionismo existencial, seguramente las mismas claves que permiten entender la banalización a la que la sociedad somete al ser humano (en este caso, a la mujer) entendido como un cuerpo sometido a los vaivenes y claroscuros cotidianos y a la necesaria comunicación con el otro. Éste es un rasgo perceptible en este conjunto de piezas en técnica mixta o acrílico: la mujer no está aislada, sino que necesariamente está en comunicación, está transmitiendo algo, como en “Lu mirando a Merche”, “Claure”, “Humpty Dumpty” o “Don de tu risa”, obras en las que aparece la complejidad del gesto en un hermoso trance poético que la pintora rescata del tiempo y del olvido. En otras obras la mujer se encuentra en conexión, unas veces trágica, otras complaciente, pero siempre sugestiva y cruel, con extrañas bestias animales que pueden significar las amenazas externas o incluso los propios temores personales, la necesidad de salir de una misma y mostrarse a los demás e interactuar con ellos: así, en “Estrellato conejo”, “Áureas”, “Pingüinos zombis” o “L.Z. y perro”. Casi puede afirmarse que el título de la exposición, “A hurtadillas”, sugiere la delicadeza y persistencia del enfrentamiento con los problemas personales, los enigmas que plantea nuestro mundo a unas jóvenes que están entregadas, antes que a los estereotipos de una belleza igualadora, a la propia vida, ni más ni menos.

Me parece que en esta exposición Cuca Nelles nos habla de peripecias vitales que se hallan en constante peligro, envueltas en los cuestionamientos sociales o privados. Esta inconformidad, esta actitud siempre como en vilo, en medio de las escasas seguridades de un sensualismo a menudo carente de sentido, prosigue en la serie de once papeles sin título que podrían dividirse en dos partes, una protagonizada por los animales acompañantes y otra, a mi juicio más interesante, en la que vuelve a aparecer la mujer en gestos casi fotográficos, llenos de sugerencias.

Esta exposición en Juan Silió confirma algo que muchos ya sabíamos: que Cuca Nelles es una de las pintoras más interesantes de su generación y así seguirá siendo mientras una a su dominio técnico una profundidad de contenidos que inquiete al espectador.

 

 

 

Contra natura. La naturaleza del hombre: el conflicto.

     Esta misma mañana he finalizado la lectura de probablemente la novela más comprometida consigo mismo de Álvaro Pombo, Contra natura. Antes de aventurarme con el libro, quisiera dar unos pequeños trazos de lo que, al menos para mí, significa esta figura de la literatura española actual.

     Álvaro Pombo es -y supongo que haya sido siempre- un gran observador del ser de las personas, de las que tiene a su alrededor. En las pocas ocasiones que he podido estar en su presencia y debido a que yo misma tengo esa curiosidad (inquieta en mi caso, probablemente) de observar, me he dado cuenta de que, aunque sea él el centro de esta o aquella reunión, observa, mira y analiza a su o sus interlocutor/es de una manera exquisita, sin llegar a ser nunca amenazante (no a mi parecer) o incómoda. Y quizá sea esta capacidad de ver en las personas lo que le lleva a unas descripciones tan reales de los personajes de sus novelas, y no hablo de descripciones al uso con “tiene o deja de tener, mide o deja de medir, pesa o deja de pesar”, que también las incluye, hablo de la descripción que uno construye en su mente a partir de la lectura de las acciones que Pombo introduce en sus personajes.

     No es un hombre corriente, y sus personajes, a pesar de que algunos lo pretendan, tampoco lo son. Incluso los más simples personajes de don Álvaro, los que menos “chicha” pudieran tener, aquéllos que no anhelan, que no desean más que con el instinto… Incluso esos personajes tienen en Pombo gran complejidad. Se nota además el paso del tiempo en Álvaro Pombo, y no me refiero a las canas, las arrugas o los hablares, sino a la evolución de sus novelas. No he leído hasta ahora más que cinco novelas suyas (Contra natura, La Fortuna de Matilda Turpin, Donde las mujeres, El Héroe de las mansardas de Mansard y El cielo raso), además del compendio de poemas que es Protocolos, pero creo que puedo hacerme una idea más o menos clara del Pombo literario. No obstante el gran contenido de vocabulario y citas filosóficas que todas las novelas de Pombo tienen -no es para menos, si uno ha estudiado la materia-, la novela de Pombo es fácilmente legible, que no comprensible o asimilable. Cuando se lee una novela de Pombo, primeramente, se pasa sobre las palabras, es el posterior descubrimiento real de cada palabra lo que hace de cualquiera de sus novelas, declaración de principios, no tanto de los del autor como de los que uno mismo descubre para sí.

    Dicho esto, que no pretendía ser tampoco un intento por dorarle la píldora a un Pombo que no leerá esto, ni tampoco una apología de su persona, últimamente un tanto ligeramente tratada a causa del apoyo a un partido político (no entraré en ese juego), continúo hablando de Contra natura.

     Esta novela, que el propio autor sitúa temáticamente en la trivialidad, el tratamiento superficial o banal que se le da a la homosexualidad actualmente (aunque bien podría tratar de cualquier otro tema tan lejos o tan cerca de la homosexualidad como se quiera), abarca la vida de cuatro hombres, de diferentes edades entre sí. Cuatro vidas que confluyen llegado un momento y que dan o quitan sentido al pasado y el futuro de cada uno de los personajes.

     Salazar, quizá el personaje principal, aunque no lo haya en esta novela, es un hombre de sesenta y tantos que, además de todo lo que parece tener, es un hombre de carencias. Allende, demasiado fiel a unos principios lógicos, parece la coherencia de la novela; pudiera llegar a tratársele como la réplica de Salazar, un antagonista. Durán, un chico joven, de unos treinta años, que más que estar perdido, parece nunca haberse encontrado, pero que está totalmente seguro de su inclinación sexual. Y Juanjo, aparentemente un tipo al uso, vulgar e indefenso.

     Estos cuatro personajes, rodeados de algún otro como pudieran ser Emilia, Lucía o Chipri, enmarcan una difícil novela que trata más temas que la homosexualidad, presente, por otro lado, en todas las novelas de Álvaro Pombo.

     Quizá, atreviéndome demasiado, pudiera reprocharle a Pombo la poca intensidad general que le da a sus personajes femeninos, pero bueno, cada uno es cada cual. No obstante, recomiendo la lectura de esta novela a todo aquel que se encuentre cada mañana la cabeza sobre los hombros, no es, ni mucho menos, novela de aire, de paseo… Es novela de pensamiento y meditación, tanta como posiblemente tuvo Pombo para escribirla.

Manuel Arce o la vida recobrada

Artículo del domingo 4 de mayo en el diario ALERTA. Mario Crespo
Manuel Arce o la vida recobrada

Que Manuel Arce haya emprendido a sus ochenta años la elaboración o, mejor dicho, la “reconstrucción” de su biografía es un hecho verdaderamente reseñable para quienes tenemos al menos cierto interés por la historia cultural del país en el último siglo. Él ha comentado en unas recientes declaraciones que su abundante archivo personal puede proporcionar “una idea bastante completa del momento histórico y la vida cultural de los años cincuenta, sesenta y setenta en España”. Un período, por cierto, no demasiado conocido o por lo menos no en profundidad, y lleno de tópicos y prejuicios que la documentación puede contribuir a matizar. Quienes, como él, fueron no sólo testigos relevantes sino protagonistas culturales de aquellos años pueden iluminar con su palabra (y con el material que han conservado) unos años grises o incluso oscuros, pero sin embargo claros en creación artística: véase, por ejemplo, el libro de Aurelio García Cantalapiedra “Desde el borde de la memoria”. A mí me parece que quienes fueron entonces importantes actores de lo literario o artístico en el provinciano contexto del Santander franquista tienen, entre las opciones de lo que libremente pueden hacer con su vida, la de trasladarla (siempre parcialmente, claro, y siempre desde lo subjetivo) al papel. Tienen la generosa opción de contarla y contarse a los demás. Y los demás tenemos la obligación de escuchar esos ecos de lo que otros han vivido mucho antes, en una época que no va a volver; tenemos la obligación de conocer lo que con otras formas y criterios han vivido, pero siempre o casi siempre bajo el amparo del amor por la palabra y por el arte, consuelo compartido por individuos de todas las generaciones.

Es curioso que la trayectoria literaria de Manuel Arce pueda dividirse, grosso modo, en dos grandes etapas definidas por el distinto género que ha cultivado en ellas: hasta 1954, la poesía, con libros hoy inencontrables, como “Carta de paz para un hombre extranjero” (1951) y “Biografía de un desconocido” (1954); desde entonces, la novela, con obras casi todas premiadas y reconocidas por el público, como “Testamento en la montaña (1955), “La tentación de vivir” (1961) y “Oficio de muchachos” (1963). Hace poco he comprado “Anzuelos para la lubina”, pero no la primera edición de México, sino la segunda de Barcelona, 1966: en ésta, sin embargo, Arce añade un prólogo verdaderamente jugoso para conocer su historia editorial, que vendrá a unirse a la historia de la censura o de la trastienda editorial española. Hubo que esperar hasta 2006 para leer la que ha sido su última novela, “El latido de la memoria”, VI Premio Emilio Alarcos Llorach, que publicó Algaida. Por entonces también preparó la antología “Poesía del medio siglo en Cantabria. Antología: 1950-2000, para la Biblioteca Cantabria de Estvdio. Arce siempre ha estado en la “brecha cultural”: obviamente, dos de sus mejores creaciones fueron “La isla de los Ratones” (la revista, cuya edición semifacsimilar ha sacado Visor, y la colección de libros) y la galería y librería “Sur”, foros que constituyeron toda una aventura personal y toda una apertura hacia algo más cerca de lo imaginable en aquella España de cerrado y sacristía.

Arce está “recobrando” su existencia y en ese trabajo ímprobo lo difícil debe de ser la selección de lo que verdaderamente va a constituir el hilo de su discurso, los hitos biográficos que él cree que pueden interesar más, las referencias de las que otros echarán mano para sus consultas. A lo largo y ancho de las páginas de su autobiografía, distribuidas al menos en un par de tomos, aparecerán cientos de personajes reales, perfectamente documentados y contextualizados, que pondrán nombre propio a nuestro pasado más cercano, repleto de sucesos y de personas, algunas de las cuales reposan dulce o injustamente en el lecho del olvido: “Hay que ver –ha dicho Arce– la cantidad de poetas que hemos sido y que serán, todos dando la lata a los editores de revistas de poesía”… La gran ventaja de esas páginas que prepara Arce es que vendrán convenientemente documentadas; que su trabajo no vendrá solo, sino en grupo, acompañado por cartas y trozos de otras vidas que ya se han apagado. Con esta labor de escribir sus memorias está demostrando, una vez más, lo que dijo Juan Ramón Jiménez, que “vivir es algo más que seguir viviendo”.

Un dibujo de Lorca

Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA
UN DIBUJO DE LORCA

Federico García Lorca, tantas veces citado y quizá no siempre leído y desde luego pocas veces comprendido del todo, sigue siendo un personaje esencial de nuestra historia. Se sigue trabajando en su figura, pasados los empalagosos fastos del centenario de su nacimiento, celebrado en 1998, hace ya diez años. Recuerdo que la sensación entonces era de cierto astrago de tanto Lorca por aquí y Lorca por allá. He visto un documental formidable sobre la muerte del poeta: “El mar deja de moverse”, se titula, y  lo dirige Emilio Ruiz Barrachina. En él aparecen , entre otros, Ian Gibson, Félix Grande y varios de los Rosales. Falleció Pepín Bello, uno de los inevitables entrevistados, que a sus 103 años aún se emocionaba recordando la voz y la presencia del poeta de Granada. Escuchar a Pepín Bello era una experiencia inolvidable que rescataba del pasado episodios que parecían revivir en su palabra quebrada por el sentimiento. No han pasado a la historia con tantas luces quienes ordenaron el asesinato del granadino: imagino que el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio e imagino que al cretino, sea del color que sea, le espera sólo el olvido. Claro que el olvido nos esperará a todos, es inevitable, pero el olvido que se ciña en los cretinos vendrá con el silencio insondable de todos sus muertos. Lo dijo Luis Rosales más o menos así, que cómo era posible que la persona más importante de España fuera asesinada por quien no pinta ni pintaría nada en la historia del país. Y la queja era la queja amarga del dolor y del sinsentido. España sufrió una Guerra Civil y todo el mundo con dos dedos de frente coincide en señalar que es lo peor que le puede pasar a un país. Tal concentración de ira y de violencia absurda por unos y por otros, las terribles represiones, el exilio, la muerte para generaciones de españoles, en fin, fue tan grande que su eco, querámoslo o no, llega hasta nuestros días. Yo no quiero que la memoria histórica sirva para borrar páginas de nuestra historia, sino precisamente para sacar a la luz lo que ocurrió con la mejor intención posible, en un afán constructivo para un país demasiado resquebrajado por intereses no siempre comunes y sobre todo por episodios de muerte y desolación, brotes de sinsentido que ojalá nunca más ocurran. Por eso creo que todo lo que tiene que ver con la Guerra Civil hay que tratarlo con cuidado y a la vez con el rigor que es propio de la historiografía, no de las parcialidades políticas. Para mirar al pasado no quiero una atalaya sembrada de cadáveres, sino la voz triste de los fantasmas que quieren sobrevivir a tanta insensatez.

Yo también tengo que vivir con la muerte de Lorca, y para ello qué mejor que volverse a la literatura y al arte, extraños consuelos del alma. Hace poco apareció un dibujo suyo, en realidad dos poemas y dos dibujos inéditos realizados en dos caras por él y por uno de sus grandes amigos, el pintor uruguayo Rafael Barradas (1890-1929). Marc Sardá, coautor de Conversaciones con José (Pepín) Bello, me envía amablemente una copia de esta obrita verdaderamente curiosa. En El País del pasado 16 de marzo se da cuenta de este suceso y se explican algunos pormenores de esta pequeña joya que une a dos artistas. En una cara, el retrato de la actriz Catalina Bárcena, musa del dramaturgo y empresario teatral Gregorio Martínez Sierra, para quien Barradas trabajó un tiempo. Catalina Bárcena, aunque nacida en Cuba, era de origen montañés; fue, antes que Margarita Xirgu, la actriz favorita de Lorca. Todos los retratos que pretendía realizar el pintor Barradas confluían, al final, en el de la actriz: no le salía más que la Bárcena y por eso Lorca le escribe al lado del retrato: “Tú que nunca enseñas / la mirada en los rostros / quise atreverme a ponerlos / en tu dibujo. / ¿A medias dijiste, no? / Catalina, tan hermosa, siempre / la dibujas, preciosa. / Querido amigo, pero / sin sus ojos ni labios / ¿vaya a saber Dios por qué? / ¡Para ti no sería difícil! ¿O sí?”. La otra cara podría simbolizar tanto sufrimiento desde la hermosa perspectiva del poeta: en ella dibujó Lorca un payaso llorando, cogiendo el pétalo de un aflor cuyo tallo son sus propias lágrimas y escribió: “Mis ojos están llorando / sabes de mi alegría, porque / están tocando el cielo / salud, amigo”.

Pioneros del diseño gráfico en España

Artículo de prensa del diario ALERTA, por Mario Crespo López

 

Emilio Gil acaba de publicar uno de los libros más importantes de la reciente historia del arte en España de los últimos años y, sin duda, un monumento indispensable para quien quiera adentrarse en los orígenes del diseño gráfico en nuestro país. Se titula “Pioneros del diseño gráfico en España” y lleva un texto introductorio de Anna Calvera. Emilio Gil, fundador de TAU Diseño, no es ningún novato en el estudio y la práctica del diseño gráfico: premio “Laus” (1995) y reconocido por el Type Directors Club de Nueva York (1995), se ha encargado del comisariado de exposiciones como “Signos del siglo. 100 años de diseño gráfico en España” (2000) en el Museo Reina Sofía de Madrid. Ahora ve la luz un proyecto largamente acariciado por él, que nos acerca las figuras de 16 artistas indispensables, aunque algunos desconocidos para muchos: Josep Artigas, Alexandre Cirici Pellicer, Amand Domènech, Elías & Santamarina (Elías García Benavides y José Santamarina Laviada), Jordi Fornas, Fermín Garbayo, Daniel Gil, Ricard Giralt Miracle, Ernest Moradell, Antoni Morillas, Joan Pedragosa, Josep Pla-Narbona, Manolo Prieto, Julián Santamaría y Tomás Vellvé. Dice Gil que “quizá fueran pioneros sin pretenderlo, pero definitivamente fueron artistas/diseñadores/grafistas por vocación, talento y determinación. Con el paso del tiempo y volviendo la vista atrás, uno percibe que todos estos trabajos, aparentemente dispares y diversos, trazaron con nitidez las líneas maestras del quehacer cotidiano, diseñaron los primeros contornos en nuestra siempre cambiante/ transgresora/revolucionaria profesión”. A lo largo de estas páginas el lector se acerca a la vida y la obra de todos estos diseñadores, recuperando los “viejos” diseños, proyectos, grafismos, portadas, carteles, que resultan fundamentales para conocer nuestra sociedad de masas contemporánea, los mecanismos por los que empresas, autores e instituciones llegan al gran público de una manera artística y no siempre bien reconocida… Para entendernos, ¿quién no consideraría los valores icónicos e históricos del toro de Osborne o el hombre abrigado de Polil en nuestra España contemporánea?

Los objetivos de este libro, cuyo diseño, evidentemente, ha sido muy cuidado, y que ha sido impreso en China, son tres, y quisiera indicarlos aquí para dar cuenta de la importancia de la obra: hacer justicia a toda una generación de profesionales que crearon en su día unas propuestas verdaderamente innovadoras, hacer conocer su trabajo a los diseñadores más jóvenes y hacer la historiografía de su obra. Contribuye este libro de Emilio Gil a situar en su justa importancia a tantos creadores cuyas obras son mucho más conocidas que los nombres que están detrás de ellas. Entre estos nombres, son mayoría los catalanes, pero resulta verdaderamente significativo encontrar en estas páginas, como no podía ser de otra manera en un libro de estas características y con tales pretensiones, una selección del inmenso trabajo realizado por dos cántabros, Daniel Gil y Julián Santamaría, que resultan figuras indispensables para acercarse al diseño español. De Gil, aparte de sus extraordinarias portadas para los libros de Alianza, quisiera destacar que se recuperan algunas de sus creaciones para los discos de Hispavox. De Santamaría se hace una mínima selección de toda su obra, incluyendo parte de sus numerosos carteles. Aquí, creo, radica una de las inevitables limitaciones del libro de Emilio Gil: que no puede más que mostrar una parte de todo lo realizado por estos “pioneros”. Será labor de futuros investigadores y críticos retomar estas pistas que aquí esboza con criterio Gil para adentrarse en el universo de estos creadores. Y será labor de instituciones públicas y privadas que tienen posibilidad de organizar exposiciones y fomentar estudios artísticos que no echen en saco roto toda su labor, parcela fundamental en la historia del arte español, que a buen seguro deparará a quien quiera conocerla muchas y agradables sorpresas.

 

 

Rafael San Martín recorre Cantabria…

 

     El actor Rafael San Martín participa en la minicampaña teatral de dos semanas de duración con motivo del Día del Libro, que desde el 21 de abril hasta el 4 de mayo, ha organizado y patrocinado la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, y ha contado con la intervención de varios grupos teatrales cántabros. El actor ha llevado el monólogo “Sancho recuerda…”, obra de Mario Crespo López, a la Prisión Provincial de Santander el pasado jueves. El día 3 de mayo, sábado, a las seis de la tarde, Sancho llegará al municipio de Tresviso por medio de este esforzado actor, que tiene también en su repertorio la obra “Misterio bufo” de Darío Fo. Está previsto que a lo largo del mes de mayo Rafael San Martín lleve ambas obras a la localidad de Ajo (Bareyo).

Premio de Poesía “Merche Lanza”

    Voy a dar los datos que conozco de esta convocatoria que no son muchos:

  • Cada autor puede presentar un máximo de 2 poesías (nunca más de 40 versos), de tema libre.
  • Han de presentarse 5 copias firmadas bajo seudónimo.
  • Pueden remitirse bien al Centro Cultural Doctor Madrazo (C/Casimiro Sainz s/n) o a la Sede de la cadena COPE (C/ Rualasal 5, 4º, 39001) (ambas Santander).
  • Junto con los poemas ha de enviarse en sobre cerrado el nombre verdadero, teléfono y domicilio del concursante (plica).
  • El plazo de entrega de poemas finaliza el 6 de mayo.
  • El primer premio está dotado de la “Lanza de Plata” y 500€; diploma y 300€ para el segundo premio, y diploma y 200€ para el tercero.

Literariamente incomprendidos I

     Nos gusten más o menos, en internet hay millones de personas que dejan sus aportes (destructores o constructores de la literatura). Hoy he querido buscar unos pocos des-afortunados que incluir en La palabra olvidada para que quien quiera se pase por ellos. De este modo, hacemos un favor al ego de cada uno de ellos y quizá encontremos más belleza que comprando un libro Best Seller.

     Creo que es una iniciativa beneficiosa para todos, porque así nos conocemos un poco en este mundo tan extenso, que no me negarán que uno se deja ver más que nunca escribiendo. Si te fijas un poquito y aprendes a leer lo que no está escrito, encuentras intimidades que ni siquieras querías conocer de esa gente anónima de la red.

     Así que, si os parece que la idea tiene su jugo, podéis mandarme vuestros links, cuando cuente con una lista considerable los pondré en un post. Y así poco a poco, nos vamos encontrando.

     Hoy quiero dejar los siguiente links:

Agradecimiento especial a la página Blogueratura (por su directorio de blogs).

Libros, libros y teatro

     La poca cultura que se nos presenta en Cantabria (y lo digo porque aunque haya, la cultura normalmente no se nos presenta, la tienes que buscar que la esconden muy bien), se nos presenta toda juntita. Hoy, 26 de abril, la agenda me requiere para:

Inauguración de la XXVII Feria del Libro en los Jardines de Pereda.

     Aunque oficialmente quedará inaugurada la Feria a las 12′00, a las 18′30 habrá un cuentacuentos y a las 20′00h Javier Reverte leerá el pregón inaugural; para finalizar su primer día, la Feria contará con espectáculo de malabares y fuego a las 20′45h.

El Gabinete de Curiosidades, de Escena Miriñaque, se presenta en el Centro Cultural de Caja Cantabria a las 21′00h con entrada gratuita.

     El Gabinete de Curiosidades es la nueva producción de Escena Miriñaque, ganadora de un Max por la producción de Antígona tiene un Plan, Premio a los Valores s 2007, Galardonada con cuatro Accésit en el Festival de Teatro Iberoamericano de Argentina por El Enigma del Principito, y nominada al Max al Mejor Espectáculo Revelación por Los Viajes de Petit.

El reparto de la obra está integrado por Esther Velategui, Esther Aja, Eva Sanz, Noelia Fernández, Victor Lamadrid y el ganador de un Max Edy Asenjo.

Pobre libro mío…

     … Que ya te olvidan hasta el año que viene, que te compran y te guardan para “cuando tenga tiempo”, que te mencionan sin leerte y si hay suerte te leen sin mencionarte… Pobre libro mío, que no te exponen junto a la entrada como a la rosa que te acompaña, ni en la mesilla de noche: en la estantería, en el mueble donde aguardan tantos otros pobres libros…

     Quiero hacerte un regalo, para que hoy no te olviden, aunque ya no sea 23 de abril, pobre libro mío, esto es para ti (y para el que quiera leerlo):

12

De dos en dos
vinisteis por abril bajo los álamos,
a las terrazas de los bares.
Y nosotros estábamos mirando las montañas…
Descuidados y al margen,
convencidos de que el amor no volvería,
sorbíamos la luz de la mañana
con las ajenas manos
sobre la mesa, al lado de las nuestras.
Contemplábamos
el vaivén de los niños, los colores,
las ramas ya cargadas… Y vinisteis.
Sólo el sueño puede verse
tan claro.

    Habituales e insólitos,
con los ojos transidos de recados;
os sentasteis junto a nosotros
para enseñarnos el amor,
la convivencia, el bien, la paz recuperada,
el alto y poderoso sol de todos…

A cuatro manos
se toca la más dulce sinfonía:
su nombre sólo el mar
es capaz de decirlo.
Había mucha sangre
por las calles del corazón
y blancos paños la secaban. Era
como si enero regresase siempre
con sus nieves limpiando el universo.
Ser tan poco y tener tanto camino
que andar… Juntos. Juntos o nada.
Morir es nada más
ser olvidado. Abrir los brazos para
quedarse con abril a solas, bajo
los álamos y el cielo.

Es tan duro el amor: tan duro como
el desamor. Andamos, nos miramos
de lejos. No aprendemos.
Tendemos las manos…
Todo es andar a oscuras, todo es lágrima.
Recordamos aquella
primera muerte que sufrimos,
y que es ésta otra vez.
Luchamos y morimos cada día.
Nada es igual que imaginamos.
¿Dónde estáis ya? ¿Es la muerte
lo único que aguarda a nuestro amor?
No, la muerte sólo es ser olvidado,
en las terrazas de los bares, solos,
sin que lleguéis vosotros a enseñarnos
como antes, a mirarnos como antes…

Pero, por fin, volvéis.
Habéis venido con abril,
bajo los verdes álamos
a hacernos compañía en la tristeza.

Antonio Gala; MEDITACIÓN EN QUERONEA

 

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